viernes, 28 de octubre de 2016

Other music for uplifting gormandizers.

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Other music for uplifting gormandizers.

82 Club. E 4h St, Manhattan, Nueva York.
1975. 2:37 a.m.
Ese solía ser uno de mis lugares favoritos en el mundo. Lo conocía desde hace  años  gracias a un concierto de los Sex Pistols  el cual, por cierto, fue asombroso, nada comparado con la basura que tenían esa noche. La presentación de esa nueva banda estuvo horrible, y el público estaba especialmente muerto. En total duro algo así como 2 horas, en las cuales, si no hubiera sido porque el guardia dejó que entrara gente sin pagar, lograron llenar el club. Aunque eso no fue la gran cosa, porque nadie parecía estar realmente interesado en la música, sino más bien en la cantidad de drogas que últimamente uno podía encontrar allí. De todas formas, ¿quién en su santo juicio querría asistir a un espectáculo para escuchar a un vocalista borracho y un montón de futuros fracasados?  Espero que nadie.
Recuerdo haber visto a la banda bajar del escenario. Para entonces ya no quedaba nadie dentro del recinto a excepción del grupo y un montón de chicas, quienes obviamente no eran novias reales de ninguno de ellos, pero como las verdaderas se encontraban a unos miles de kilómetros de distancia, no podía importarles menos; ah, y claro, yo también estaba ahí; acababa de despertar en el baño del lugar. Si no mal recuerdo, me había peleado con un borracho por un poco de marihuana o algo así, pero la verdad en ese momento no importaba, por lo menos había despertado.
Al salir, cerré la puerta y me quedé de pie allí por algunos minutos, no tenía prisa, de cualquier forma,  aún no sabía dónde ir y con dos dólares dentro de mi presupuesto, tampoco tenía cómo ir. Así que simplemente me dirigí al primer lugar que se me pasó por la mente.
OMFUG. Bowey #315. Manhattan, Nueva York.
2:48 a.m.
Caminé unas cuantas cuadras hasta llegar al club donde había trabajado un par de meses antes, esa noche ellos también tenían a un grupo tocando, pero no era eso lo que me interesaba del lugar. Sabía que en la planta de arriba el dueño había habilitado un par de camas disponibles para el personal de servicio. No tenía permitido el acceso, ni mucho menos suficiente dinero para pagar la entrada al show, pero no perdía nada con intentarlo.
-No deberías intentar entrar allí, niño – escuché la voz de una chica a mi espalda. – No sé si alguien te lo haya dicho, pero en estos lugares las cosas se ponen peligrosas cuando el sol no está alumbrando.
Volteé a mirarla. Era castaña y vestía de negro; se encontraba sentada al borde de la vereda, con un cigarrillo en su boca. Sonaba un poco ingenua y tenía pinta de haber bebido suficiente como para poder llevar a un extraño a su casa. Justo lo que necesitaba.
-Oh, tranquila, solo quería pasar a escuchar a la banda por un momento, unos amigos me dijeron que son asombrosos y no quise perderme la oportunidad, solo es eso… – le mentí intentando hablar como un adolescente idiota.
-Son horribles. – me respondió sin emoción alguna en sus palabras.
A pesar de que la verdad no era tan así, sonaban bastante bien, y el público parecía conocer sus canciones… de hecho, hubiera preferido asistir a su espectáculo en vez del penoso que ofrecieron al otro lado de la avenida.  
-¿Dónde te estás quedando? – Me preguntó después de quedarse observándome un buen rato - con esa pinta supongo que no tienes un lugar estable, ¿me equivoco, niño? – terminó para volver  a fijar la vista en su cigarrillo.
-Oh, bueno… huí de casa hace unas semanas, aún no sé si fue la decisión correcta, pero no pienso arrepentirme, ya sabes, no hay vuelta atrás.  
-No fue eso lo que te pregunté, lindo. – respondió con indiferencia.
Y tal vez eso fue lo primero que me llamó la atención sobre ella: era extraña… algo molesta, no parecía importarle realmente lo que me decía, pero era la única chica que encontraría en horas y realmente necesitaba a alguien con algún lugar donde poder pasar la noche y asegurarme que al despertar no habría hecho algo por lo que pudieran llevarme a la cárcel… otra vez.  Así que tuve que insistir, mantenerme en personaje.
-Bien… - suspiré acercándome a ella – no estoy seguro de dónde pasaré la noche, ¿sí?  -lancé mi mochila al suelo y me senté a su lado -  No tengo un plan, sólo pienso dejar que mi cor…
-“(…) que mi corazón me lleve” – terminó mi oración con voz irónica – no sabes cuantas veces he escuchado esa historia. – Se quejó - ¿por qué no te haces un favor y vuelves con tu familia? Te ves ridículo – me respondió y por primea vez desde que comencé a hablarle me miró a los ojos.
Puso el cigarro en su boca. Inhaló. Y llenó mi cara de humo.
-Wow…
-¿”Wow” qué?, ¿te ha dolido? Pues que lastima que sea cierto, niño, pero este no es lugar para gente como tú, ¿entiendes?
-No, no – respondí por fin, sin poder evitar reír un poco – Comienzo a sentir que llegaré a nada intentando persuadirte con mi voz de imbécil... es sólo que… eres la primera chica en mucho tiempo con la que comportarme como un adolecente problemático no me ha funcionado para conseguir alojamiento por una noche…
-Espera, ¿Cómo? - alejó el cigarro de su boca  y frunció el ceño -¿A qué te refieres con eso?
-Bueno, “linda” – intenté imitar su manera de hablar – es complicado.
Saqué un cigarrillo de mi bolsillo y lo dejé entre mis dedos mientras buscaba un encendedor para prenderlo, aunque ella se encargó de hacerlo por mí.
-Mira donde estamos, la noche es larga y tenemos todo el tiempo del mundo. Comienza ahora.
Cuando lo dijo, fue realmente extraño. Nunca lo había hecho antes, nunca pensé en hacerlo alguna vez en mi vida, mucho menos a una extraña, pero sabía que  nunca más  en mi vida volvería a vivir una situación como esa. Además, ¿Qué tendría de malo? Ella era una desconocida, nada más que una desconocida. ¿Por qué me arrepentiría?
Así que lo dije todo.
-Nunca escapé de casa, porque nunca tuve una... Aunque eso da igual, crecí en diferentes lados: hogares de acogida, hospitales, orfanatos, algunos internados, correccionales. Pero nada permanente, nunca nada permanente. Cuando cumplí dieciséis años renuncié a todo lo anterior, comencé a viajar y a conocer gente; encontrar lugares en dónde quedarme en caso de necesidad,  un con algo para dormir, comida, baño… pero la verdad es que aquellos lugares siempre resultan muy inestables, nunca puedes asegurarte un lugar dentro de ellos, y después de pasar bastantes noches sin nada, me di cuenta de que recurrir a las chicas jóvenes y borrachas resultaba mucho mejor de lo que todos decían, y lo sé, es ridículo, pero las adolescentes que escapan de casa siempre tienen un novio con quién quedarse, y si él no está esa noche, pues… ¡Felicitaciones! Te has ganado un techo.
-…Entonces, en verdad nunca has tenido una familia la cual abandonar… me sorprendes, el papel de “bebé de casa” te quedaba impresionantemente bien hace 20 minutos, pero eso es bueno… te vuelve un poco más interesante.
- ¿un poco? – Fingí ofenderme - ¿Qué hay de ti, “niña”?
-no hay mucho que decir – rió - yo… tuve familia, pero no escapé. Quedé embarazada y me echaron de casa. No fue la gran cosa. Me fui a vivir con unas amigas a un departamento que compartían entre ellas hasta que di a luz. El bebé vive ahora con la hermana de una de ellas, su nombre empieza con k o… algo así… creo. Ella quería adoptar, y yo era un potencial fracaso como madre; ella tenía trabajo, yo ni siquiera terminé la secundaria; ella tenía dinero y yo… yo vendía drogas fuera de una escuela privada... – admitió sonriendo con tristeza, o eso creí.
-¡¿Una escuela privada?! Debiste estar alucinando
-Lo creas o no, los chicos ricos son los peores, “10 gr de marihuana, 5 de cocaína, ¿tienes lsd? Quiero lsd, pero no le digas a nadie que hablaste conmigo, podrían expulsarme – se burló imitando el acento de sus clientes – como si en verdad me importara un carajo sus pobres vidas… en fin, todo eso ya fue hace años, a la chica esa no le gusta mucho que me acerque al bebé, pero en realidad no tengo problema con eso. Todos estamos bien, eso es lo que importa, creo.
Y Esa fue la segunda cosa que me llamó la atención de ella: su desapego. Su apatía. Su indiferencia.
- Qué locura, yo nunca he tenido nada, a ti nada te importa una mierda, y aun así quedan miles de jóvenes más miserables que nosotros… de hecho,  me atrevo a decir que la mitad de todos ellos se encuentran en este club ahora. – reí.
Pero ella no.
-¿Quién dijo que a mi nada me importa un carajo? Las cosas me preocupan, por eso siempre termino en lugares como este...
-¿Lleno de borrachos, drogadictos, groupies y músicos resentidos? Vaya, que preocupación… - dije y esperé que se defendiera. Pensaba que era ese tipo de persona. Un error.
 Pues no me respondió, simplemente me miró con una ceja encharcada… algo molesta. Quise disculparme, pero al darse cuenta de que iba a hablar, volvió a inhalar rápidamente de su cigarro y soltó el humo en mi cara, de nuevo.
-Eso es desagradable – susurré.
-No. Me gusta. Preocuparme. – respondió y eso fue todo.
Nos quedamos allí, en el piso, con la música de fondo y los borrachos acompañando la escena; pese a que ni siquiera sabía cuál era su nombre, o qué era lo que fumaba, aunque no tenía idea de si tenía casa o algo de dinero, ni siquiera si es que realmente se había enfadado conmigo… no quise irme para buscar algo mejor… pero aun sentí la necesidad de hacerlo. De alejarme antes de que pudiera arrepentirme por algo. Por cualquier cosa.   
-¿y siempre manipulas niñas para conseguir acostarte con ellas? – me preguntó, acabando con el incómodo silencio.
-Nunca dije eso, me conformo con que me dejen dormir en sus sofás – admití riendo.
-Eres un fracaso  y ni siquiera has llegado a los 30 años. – Se burló de mi.
-Gracias a Dios… ya sabes, espero morir antes de envejecer y todo eso…
-Así somos todos – dijo, tiro la colilla de su cigarro al suelo y la pisó - Esa es nuestra generación…
Entonces la música dejó de sonar y  la gente comenzó a salir del lugar. Supimos que la banda había terminado su show. Ella se levantó del piso inmediatamente, se acercó a un auto y comenzó a arreglarse frente al reflejo de una de las ventanas. Primero su cabello, luego su falda, también un poco más de maquillaje.
-¿Esperas a alguien? – pregunté sin moverme del piso.
-Yo… sí, creo… eso espero.
No entendí a qué se refería con eso, hasta que minutos más tarde, y ya después de que casi no quedaban peatones en la calle, un montón de chicos con chaquetas de mezclilla salieron del club, algunos de ellos con chicas jóvenes tomadas por la cintura. Era la banda
-Hey, Lori ¿Planeas quedarte allí parada toda la noche? – preguntó uno de ellos, hablando con una voz exageradamente alta para encontrarse tan afónico.
-Lo siento, voy en un momento – reaccionó inmediatamente al escucharlo - este chico me está ayudando a buscar unos de mis aretes, acaba de encontrar uno, estaba colocándomelo – mintió.
-5 minutos. Hotel – le ordenó
-Así será. – asintió con una actitud sumisa, totalmente diferente a la que había aparentado durante la noche.
-Más te vale.
Y se marcharon.
No supe que decirle, todo era obvio. No quise mirarla, supuse que ella también estaba evitándome, pero no valía la pena dejar que se fuera así como así, en cinco minutos, pasara lo que pasara, no importaría después que ella se fuera.
-Y entonces... tú… vas con la banda – comenté.
-Yo… bueno… sí, algo así – reaccionó con algo más de nervios… tal vez vergüenza, nunca lo supe realmente. – Agh, ni siquiera debería intentar explicar esto, claro que tú entiendes todo esto, ¿no? – terminó sonriendo con algo de sarcasmo y cinismo.
-¿A qué va eso?
-Pues, no lo sé… supongo que recurrir a chicos famosos es mucho más fácil de lo que todas lo pintan, un lugar dónde dormir, comida, baño… y lo sé ¡suena ridículo! – Exageró intentando imitar mi forma de hablar – pero las estrellas de rock que andan de gira siempre tienen dinero, y si sus novias no los están acompañando, pues… felicitaciones, has encontrado cómo sobrevivir. La gente como nosotros siempre hace lo mismo, y sé lo que piensas, llámame “groupie” o como cojones quieras, estoy viva y lo seguiré estando por un tiempo, eso es lo que importa. Espero que tú puedas decir lo mismo eventualmente, niño – concluyó casi burlándose de mí.
-Eso creo, mi sistema no falla, aunque espero que no duré mucho, recuerda, morir antes de envejecer y… toda esa mierda.   
-Espero que mi sistema tampoco lo haga. – respondió para nunca más volver a escucharla.

Sonrió, me dio la espalda y comenzó a caminar lentamente por la avenida. La vi doblar la esquina y nunca más supe sobre ella, ni sobre la banda a la que acompañaba.

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