Other music for uplifting gormandizers.
82 Club. E 4h
St, Manhattan, Nueva York.
1975. 2:37 a.m.
Ese solía ser uno de mis lugares
favoritos en el mundo. Lo conocía desde hace años gracias a un concierto de los Sex Pistols el cual, por cierto, fue asombroso, nada
comparado con la basura que tenían esa noche. La presentación de esa nueva banda
estuvo horrible, y el público estaba especialmente muerto. En total duro algo
así como 2 horas, en las cuales, si no hubiera sido porque el guardia dejó que
entrara gente sin pagar, lograron llenar el club. Aunque eso no fue la gran
cosa, porque nadie parecía estar realmente interesado en la música, sino más
bien en la cantidad de drogas que últimamente uno podía encontrar allí. De todas
formas, ¿quién en su santo juicio querría asistir a un espectáculo para
escuchar a un vocalista borracho y un montón de futuros fracasados?
Espero que nadie.
Recuerdo haber visto a la banda
bajar del escenario. Para entonces ya no quedaba nadie dentro del recinto a
excepción del grupo y un montón de chicas, quienes obviamente no eran novias
reales de ninguno de ellos, pero como las verdaderas se encontraban a unos
miles de kilómetros de distancia, no podía importarles menos; ah, y claro, yo
también estaba ahí; acababa de despertar en el baño del lugar. Si no mal
recuerdo, me había peleado con un borracho por un poco de marihuana o algo así,
pero la verdad en ese momento no importaba, por lo menos había despertado.
Al salir, cerré la puerta y me
quedé de pie allí por algunos minutos, no tenía prisa, de cualquier forma,
aún no sabía dónde ir y con dos dólares dentro de mi presupuesto, tampoco
tenía cómo ir. Así que simplemente me dirigí al primer lugar que se me pasó por
la mente.
OMFUG. Bowey #315. Manhattan, Nueva York.
2:48 a.m.
Caminé unas cuantas cuadras hasta
llegar al club donde había trabajado un par de meses antes, esa noche ellos
también tenían a un grupo tocando, pero no era eso lo que me interesaba del lugar.
Sabía que en la planta de arriba el dueño había habilitado un par de camas
disponibles para el personal de servicio. No tenía permitido el acceso, ni
mucho menos suficiente dinero para pagar la entrada al show, pero no perdía
nada con intentarlo.
-No deberías intentar entrar
allí, niño – escuché la voz de una chica a mi espalda. – No sé si alguien te lo
haya dicho, pero en estos lugares las cosas se ponen peligrosas cuando el sol
no está alumbrando.
Volteé a mirarla. Era castaña y
vestía de negro; se encontraba sentada al borde de la vereda, con un cigarrillo
en su boca. Sonaba un poco ingenua y tenía pinta de haber bebido suficiente
como para poder llevar a un extraño a su casa. Justo lo que necesitaba.
-Oh, tranquila, solo quería pasar
a escuchar a la banda por un momento, unos amigos me dijeron que son asombrosos
y no quise perderme la oportunidad, solo es eso… – le mentí intentando hablar
como un adolescente idiota.
-Son horribles. – me respondió
sin emoción alguna en sus palabras.
A pesar de que la verdad no era
tan así, sonaban bastante bien, y el público parecía conocer sus canciones… de
hecho, hubiera preferido asistir a su espectáculo en vez del penoso que
ofrecieron al otro lado de la avenida.
-¿Dónde te estás quedando? – Me
preguntó después de quedarse observándome un buen rato - con esa pinta supongo
que no tienes un lugar estable, ¿me equivoco, niño? – terminó para volver
a fijar la vista en su cigarrillo.
-Oh, bueno… huí de casa hace unas
semanas, aún no sé si fue la decisión correcta, pero no pienso arrepentirme, ya
sabes, no hay vuelta atrás.
-No fue eso lo que te pregunté,
lindo. – respondió con indiferencia.
Y tal vez eso fue lo primero que
me llamó la atención sobre ella: era extraña… algo molesta, no parecía
importarle realmente lo que me decía, pero era la única chica que encontraría
en horas y realmente necesitaba a alguien con algún lugar donde poder pasar la
noche y asegurarme que al despertar no habría hecho algo por lo que pudieran
llevarme a la cárcel… otra vez. Así que tuve que insistir, mantenerme en
personaje.
-Bien… - suspiré acercándome a
ella – no estoy seguro de dónde pasaré la noche, ¿sí? -lancé mi mochila
al suelo y me senté a su lado - No tengo un plan, sólo pienso dejar que
mi cor…
-“(…) que mi corazón me lleve” –
terminó mi oración con voz irónica – no sabes cuantas veces he escuchado esa
historia. – Se quejó - ¿por qué no te haces un favor y vuelves con tu familia?
Te ves ridículo – me respondió y por primea vez desde que comencé a hablarle me
miró a los ojos.
Puso el cigarro en su boca.
Inhaló. Y llenó mi cara de humo.
-Wow…
-¿”Wow” qué?, ¿te ha dolido? Pues
que lastima que sea cierto, niño, pero este no es lugar para gente como tú,
¿entiendes?
-No, no – respondí por fin, sin
poder evitar reír un poco – Comienzo a sentir que llegaré a nada intentando
persuadirte con mi voz de imbécil... es sólo que… eres la primera chica en
mucho tiempo con la que comportarme como un adolecente problemático no me ha
funcionado para conseguir alojamiento por una noche…
-Espera, ¿Cómo? - alejó el cigarro
de su boca y frunció el ceño -¿A qué te refieres con eso?
-Bueno, “linda” – intenté imitar
su manera de hablar – es complicado.
Saqué un cigarrillo de mi
bolsillo y lo dejé entre mis dedos mientras buscaba un encendedor para
prenderlo, aunque ella se encargó de hacerlo por mí.
-Mira donde estamos, la noche es
larga y tenemos todo el tiempo del mundo. Comienza ahora.
Cuando lo dijo, fue realmente
extraño. Nunca lo había hecho antes, nunca pensé en hacerlo alguna vez en mi
vida, mucho menos a una extraña, pero sabía que nunca más en mi vida volvería a vivir una situación como
esa. Además, ¿Qué tendría de malo? Ella era una desconocida, nada más que una
desconocida. ¿Por qué me arrepentiría?
Así que lo dije todo.
-Nunca escapé de casa, porque
nunca tuve una... Aunque eso da igual, crecí en diferentes lados: hogares de
acogida, hospitales, orfanatos, algunos internados, correccionales. Pero nada
permanente, nunca nada permanente. Cuando cumplí dieciséis años renuncié a todo
lo anterior, comencé a viajar y a conocer gente; encontrar lugares en dónde
quedarme en caso de necesidad, un con
algo para dormir, comida, baño… pero la verdad es que aquellos lugares siempre
resultan muy inestables, nunca puedes asegurarte un lugar dentro de ellos, y
después de pasar bastantes noches sin nada, me di cuenta de que recurrir a las
chicas jóvenes y borrachas resultaba mucho mejor de lo que todos decían, y lo
sé, es ridículo, pero las adolescentes que escapan de casa siempre tienen un
novio con quién quedarse, y si él no está esa noche, pues… ¡Felicitaciones! Te
has ganado un techo.
-…Entonces, en verdad nunca has
tenido una familia la cual abandonar… me sorprendes, el papel de “bebé de casa”
te quedaba impresionantemente bien hace 20 minutos, pero eso es bueno… te
vuelve un poco más interesante.
- ¿un poco? – Fingí ofenderme -
¿Qué hay de ti, “niña”?
-no hay mucho que decir – rió -
yo… tuve familia, pero no escapé. Quedé embarazada y me echaron de casa. No fue
la gran cosa. Me fui a vivir con unas amigas a un departamento que compartían
entre ellas hasta que di a luz. El bebé vive ahora con la hermana de una de
ellas, su nombre empieza con k o… algo así… creo. Ella quería adoptar, y yo era
un potencial fracaso como madre; ella tenía trabajo, yo ni siquiera terminé la
secundaria; ella tenía dinero y yo… yo vendía drogas fuera de una escuela
privada... – admitió sonriendo con tristeza, o eso creí.
-¡¿Una escuela privada?! Debiste
estar alucinando
-Lo creas o no, los chicos ricos
son los peores, “10 gr de marihuana, 5 de cocaína, ¿tienes lsd? Quiero lsd,
pero no le digas a nadie que hablaste conmigo, podrían expulsarme – se burló
imitando el acento de sus clientes – como si en verdad me importara un carajo
sus pobres vidas… en fin, todo eso ya fue hace años, a la chica esa no le gusta
mucho que me acerque al bebé, pero en realidad no tengo problema con eso. Todos
estamos bien, eso es lo que importa, creo.
Y Esa fue la segunda cosa que me
llamó la atención de ella: su desapego. Su apatía. Su indiferencia.
- Qué locura, yo nunca he tenido
nada, a ti nada te importa una mierda, y aun así quedan miles de jóvenes más
miserables que nosotros… de hecho, me
atrevo a decir que la mitad de todos ellos se encuentran en este club ahora. –
reí.
Pero ella no.
-¿Quién dijo que a mi nada me
importa un carajo? Las cosas me preocupan, por eso siempre termino en lugares
como este...
-¿Lleno de borrachos,
drogadictos, groupies y músicos resentidos? Vaya, que preocupación… - dije y
esperé que se defendiera. Pensaba que era ese tipo de persona. Un error.
Pues no me respondió,
simplemente me miró con una ceja encharcada… algo molesta. Quise disculparme,
pero al darse cuenta de que iba a hablar, volvió a inhalar rápidamente de su
cigarro y soltó el humo en mi cara, de nuevo.
-Eso es desagradable – susurré.
-No. Me gusta. Preocuparme. –
respondió y eso fue todo.
Nos quedamos allí, en el piso,
con la música de fondo y los borrachos acompañando la escena; pese a que ni
siquiera sabía cuál era su nombre, o qué era lo que fumaba, aunque no tenía
idea de si tenía casa o algo de dinero, ni siquiera si es que realmente se
había enfadado conmigo… no quise irme para buscar algo mejor… pero aun sentí la
necesidad de hacerlo. De alejarme antes de que pudiera arrepentirme por algo.
Por cualquier cosa.
-¿y siempre manipulas niñas para
conseguir acostarte con ellas? – me preguntó, acabando con el incómodo
silencio.
-Nunca dije eso, me conformo con que
me dejen dormir en sus sofás – admití riendo.
-Eres un fracaso y ni siquiera has llegado a los 30 años. – Se
burló de mi.
-Gracias a Dios… ya sabes, espero
morir antes de envejecer y todo eso…
-Así somos todos – dijo, tiro la
colilla de su cigarro al suelo y la pisó - Esa es nuestra generación…
Entonces la música dejó de sonar
y la gente comenzó a salir del lugar. Supimos que la banda había
terminado su show. Ella se levantó del piso inmediatamente, se acercó a un auto
y comenzó a arreglarse frente al reflejo de una de las ventanas. Primero su
cabello, luego su falda, también un poco más de maquillaje.
-¿Esperas a alguien? – pregunté
sin moverme del piso.
-Yo… sí, creo… eso espero.
No entendí a qué se refería con
eso, hasta que minutos más tarde, y ya después de que casi no quedaban peatones
en la calle, un montón de chicos con chaquetas de mezclilla salieron del club,
algunos de ellos con chicas jóvenes tomadas por la cintura. Era la banda
-Hey, Lori ¿Planeas quedarte allí
parada toda la noche? – preguntó uno de ellos, hablando con una voz
exageradamente alta para encontrarse tan afónico.
-Lo siento, voy en un momento –
reaccionó inmediatamente al escucharlo - este chico me está ayudando a buscar
unos de mis aretes, acaba de encontrar uno, estaba colocándomelo – mintió.
-5 minutos. Hotel – le ordenó
-Así será. – asintió con una
actitud sumisa, totalmente diferente a la que había aparentado durante la
noche.
-Más te vale.
Y se marcharon.
No supe que decirle, todo era
obvio. No quise mirarla, supuse que ella también estaba evitándome, pero no valía
la pena dejar que se fuera así como así, en cinco minutos, pasara lo que
pasara, no importaría después que ella se fuera.
-Y entonces... tú… vas con la
banda – comenté.
-Yo… bueno… sí, algo así –
reaccionó con algo más de nervios… tal vez vergüenza, nunca lo supe realmente.
– Agh, ni siquiera debería intentar explicar esto, claro que tú entiendes todo
esto, ¿no? – terminó sonriendo con algo de sarcasmo y cinismo.
-¿A qué va eso?
-Pues, no lo sé… supongo que
recurrir a chicos famosos es mucho más fácil de lo que todas lo pintan, un
lugar dónde dormir, comida, baño… y lo sé ¡suena ridículo! – Exageró intentando
imitar mi forma de hablar – pero las estrellas de rock que andan de gira
siempre tienen dinero, y si sus novias no los están acompañando, pues…
felicitaciones, has encontrado cómo sobrevivir. La gente como nosotros siempre
hace lo mismo, y sé lo que piensas, llámame “groupie” o como cojones quieras,
estoy viva y lo seguiré estando por un tiempo, eso es lo que importa. Espero
que tú puedas decir lo mismo eventualmente, niño – concluyó casi burlándose de
mí.
-Eso creo, mi sistema no falla,
aunque espero que no duré mucho, recuerda, morir antes de envejecer y… toda esa
mierda.
-Espero que mi sistema tampoco lo
haga. – respondió para nunca más volver a escucharla.
Sonrió, me dio la espalda y
comenzó a caminar lentamente por la avenida. La vi doblar la esquina y nunca
más supe sobre ella, ni sobre la banda a la que acompañaba.

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